martes, octubre 14, 2008

BUENOS AIRES SONICOS




El 28 de Septiembre de 2008 en Buenos Aires el día amanece gris. El dibujo en mi cabeza antes de conocer esta ciudad era tal cual a cuando la vi por primera vez. Es domingo y el clima no ayuda para querer levantarse de la cama. Pero es uno de los días más importantes de mi viaje, en la noche un evento así lo indica. El día no da espera, me levanto y empiezo a restar los minutos.
 


El tiempo empieza a pasar muy rápido. Después de comer algo en la casa me salgo a tomar mi tren. El camino hacia la estación está hermoso como siempre. El barrio luce tranquilo y dormido. La lluvia influye para que las personas se escondan en sus casas y eso me deja ver con total serenidad como se despliegan las calles, amplias, ante mis ojos acostumbrados a verlas comprimidas. La llegada de la primavera esta un poco más fría que otras veces, bueno eso dicen. Para mí es la primera. Ver los árboles desnudos dispuestos a revestirse una vez más es algo que capta mi atención y engalana el paisaje.

Alisto las monedas para el boleto de tren. El solo echo de tomar tren para movilizarme ya me entusiasma. Hasta la estación de Palermo sale por un peso, y las otras moneditas hay que guardarlas. Las monedas escasean en Argentina .Entre mas las conserve, mejor. No sé cuando las necesite, ya sea para el subte o para los colectivos, sé que me servirán. Quizás esa sea la razón por la que me he topado con muy poca gente que me pide monedas, y bueno, acostumbrado a los limosneros, eso se me torna extraño.
 


En el tren tengo que pasar por varias estaciones. Un ejercicio que hago cada vez que estoy en él, siguiendo la ruta San Martín, es probar mi memoria a ver si sé el nombre de la siguiente estación. Van de esta manera: Bellavista, W.Morris, Hurlingham, El Palomar, Caseros, De Santos Lugares, Sáenz Peña, Devoto, Villa del Parque, La Paternal, Chacarita, Palermo y Retiro. Casi siempre digo una adelantada de la que viene. Hoy sólo voy hasta Palermo, ahí tomaré el subte que me acerca bastante a el Club Ciudad de Buenos Aires, pero por ahora me relajo y miro una vez más el paso del tren frente de los barrios que veo en mi ventana. También miro las personas que me rodean. Qué curioso, no solo en Bogotá venden en el transporte público. Aquí el tren debe llevar por lo menos un vendedor por vagón.
-¿Porqué será que las personas se cambian tanto de puesto si todos son iguales?- El señor de los panchos –perros calientes- no falta, hasta los domingos está trabajando. Estoy ya por mmm…. Chacarita, sí es Chacarita, lo sé porque las casas de madera y cartón cerca a las vías férreas me lo indican. La primera vez que las vi me sorprendí, pero la pobreza se derrama sobre Suramérica y sus grandes capitales. Fin de mi viaje en tren, hora de bajar. El día sigue gris. La lluvia está por todo Buenos Aires.
 
 


Aprovechando que voy a tomar el subte, alisto un billete de dos pesos para que me devuelvan monedas. Pago la tarifa que cuesta 90 centavos y me devuelven una moneda de peso y otra de diez centavos. Me subo en la estación de Palermo y paso por: Mtro. Carranza, Olleros, José Hernández, Juramento, Congreso de Tucumán. Hoy, especialmente hoy me agrada tomar el subte. Gracias a que es domingo y a que llueve no hay casi nadie en las calles. Es la primera vez que me subo tranquilo al subte. No está tan lleno. El subte es un muy buen medio de transporte, pero tomarlo en horas pico es imposible, se llena demasiado, tanto como los transmilenios en Bogotá o de pronto un poco más y me asfixia. No se puede respirar. Pero hoy va desocupado, con uno que otro pasajero, va tan ligero que lo puedo disfrutar. Esta vez tengo la sensación de que llego más rápido que los otros días que tomo esta misma ruta. ¿Será que enserio lo bueno dura poco? Hora de caminar.
 


Salgo directo a la Avda. Cabildo. Como la mayoría de las avenidas de esta capital, la Avda Cabildo es impresionante: por lo menos tiene 5 carriles y el comercio se apodera de ella. A lo largo de su extensión, existen cientos de almacenes de todo tipo, a parte de unos restaurantes de pizza que prefiero no mirar para no despertar a mi estomago por un buen rato. Camino unas cuantas cuadras. Cruzo M. Pedraza, J. Azurduy para llegar a Núñez, esta calle me lleva derecho hasta llegar a Avda. del Libertador 7501. Por todo el sector empiezo a ver mas y mas personas que siguen mi recorrido. La lluvia está un poco más liviana. El frío es intenso, pero la sonrisa y la camaradería de los que van hacia “el Pepsi” no se borra.
 
 


Cerca de las 4:10 p.m. llegó a Club Ciudad de Buenos Aires. El ambiente de concierto se respira profundamente. La gente está dispuesta a pasarla bien. La entrada no puede ser más tranquila. Todos los chicos andan por la calle y las chicas por la vereda -o el andén para nosotros los Colombianos-. Como ya estuve en otros conciertos los días anteriores, sé que mi cámara -que traigo guardada en mi maleta- no tiene problema en la entrada y puedo pasar con ella. La requisa es mínima pero precisa, lo justo creo yo. Los que lleva sombrillas las pueden entrar y los zapatos y medias se quedan en los pies todo el tiempo, como debe ser, no como en Rock al Parque. Revisan mi boleta, le quitan el desprendible y listo. Una vez adentro del Club Ciudad, ahora sí puedo decir que llegué al concierto de los Babasónicos.
 


El lugar está lleno de barro. Chicos y chicas empapados. Más lluvia. Vendedores al mejor estilo colombiano con plásticos capuchas. Pepsi con hielo, o mejor, hielo con Pepsi. Y mucho rock en el aire.
 


Los horarios de los conciertos, para mi infortunio, están corridos una hora de adelanto. Y digo que infortunio porque esta tarde gris también se presenta Deluxe, sólo que cuando llego al escenario Sónica -la tercera tarima adecuada para las bandas de este festival- Deluxe está terminando su presentación y ya no alcanzo a presenciar nada. Por fortuna Deluxe -o Xoel López– se presentará unos días después y podré verlo y escucharlo. Pese a mi tardanza y el desorden en la programación, no dejo de decir que para mí, ver a Xoel, es ver a un músico maravilloso, que seguramente, hasta ese momento, pocos conocían en Buenos Aires.

Aunque poco alcanzo a ver de su show, luego lo veo a él caminando tranquilamente al pie de la tarima sin que una sola persona se percate de quién esta a su lado. Yo sí sé quien es, además viene conmigo la energía de mi hermano que adoraría compartir este momento. Me acerco a Xoel y lo llamo por su nombre. Él me mira y viene hacia mí. Cruzo unas palabras con él. Le digo cuánto lo admiramos en Colombia con algunos amigos. Le pido una foto para el recuerdo y me despido un poco más grande después de estrechar su mano.
 


Ahora debo buscar un buen puesto para el concierto de Babasónicos. Me parece perfecto quedar cerca a la pasarela que tiene la tarima principal o sea la tarima Pepsi Music. Este escenario es mucho mas grande que el instalan en los concierto de Bogotá. Es mas ancha y mas profunda, las pantallas son enormes, si una persona atrás muy atrás, seguro alcanza a ver qué pasa en la tarima con la ayuda de estas. Veo que sobre el sector derecho de la tarima se despliega una pasarela de unos 15 metros de largo aproximadamente y pienso que en algún momento algunos miembros de la banda quizás caminen por allí y que ese lugar es perfecto para lograr unas buenas fotos. Voy hacia allá pero también procuro no hacerme tan lejos de la valla de separación de frente al escenario. Por ahora esto está fácil, no hay mucha gente porque llueve, tengo el lugar que quiero y de aquí ya nadie me mueve. Sólo queda esperar y aguantar unas tres horas bajo la lluvia a que llegue la hora del show.
 


Antes de los “Babas” en el escenario Pepsi veo a Massacre, una particular banda de Argentina. Calculo que durante esta presentación ya somos 10 mil personas las que aguardamos pacientemente. La lluvia ha caído casi toda y el aire se empieza es cada vez menos respirable. La gente empapada se empieza a secar y el vapor y la humedad hacen presencia entre nosotros.
 


Massacre prende la noche con su rock and roll. Es una banda de guitarras de muy alto nivel y un vocalista que alardea “ser la única banda capaz de unir a los emos y los floggers”, no entiendo qué quiere decir pero es e eso que alardea. El atuendo de este presumido no puede ser más gracioso: viste un pantalón de lycra rosa con puntos negros, camiseta negra, panza al aire, gorro policial nazi y bufanda de serpiente color rosa. Pero por más cómico que se ve, pone a saltar y a roquear a la mayoría del público presente.

Este festival tiene tres escenarios diferentes en los que se reparte el cartel dependiendo de la importancia de los artistas, pero los tres tienen nombres de reconocidas marcas comerciales. Así, el Pepsi está enfrente del Claro y a un costado está el más pequeño, el escenario Sónica. Una vez termina Massacre le doy la espalda al escenario Pepsi para presenciar el espectáculo de Dante Spinetta que empieza a tocar en el escenario Claro. Con gorra blanca, pañuelo en la cabeza y sus respectivas cadenas de oro al mejor estilo de los grandes raperos como él, supo hacer mover a sus seguidores. Desde atrás del Claro y adelante del Pepsi aguardo al cierre de su presentación para que empiece mi concierto. La luna aparece en el cielo y la lluvia termina por rendirse.
 


10:15 pm. El momento esperado durante todo el día esta a punto de llegar. La tensión alcanza su máximo nivel. Se apagan las luces. Los gritos no se hacen esperar. La euforia se apodera del clima. Los Babasónicos saltan al escenario y asesinan la espera de más de 10 mil personas. Con una increíble interpretación de Sin mi Diablo (… la verdad es que no soy nada sin mi diablo) con luces rojas y ráfagas de fuego en las pantallas, arranca el show. Los saltos y el huracán del público pidieron su espacio y no se detuvieron.
 


Sin siquiera dejar que las notas de las guitarra de Mariano “Roger” Domínguez se congelen, lanzan una fuerte y rápida interpretación de Pendejo (… hola chicas, soy su amigo no parezco inofensivo, en serio lo hago por la amistad) y el público la corea hasta rabiar. Con un saludo Adrián “Dárgelos” Rodríguez, el vocalista de la banda, se dirige a todos los espectadores y nos dice que aprecia tanto que estemos ahí que nos va a entregar mucho mas, entonces nos regala una linda versión de Escamas (… me presenta una oportunidad y fue así como nos encontramos, imagina que un rato atrás éramos dos desangelados).



Los sónicos arrasan en tarima. Sigue un mar de canciones: Rabioso y Puesto. Una coreada y movida interpretación de Pijamas desde el principio hasta el fin (Te llamé, para vernos, se me ocurren tantas cosas, empezar por juntarnos para no, hacer nada…). Enseguida recuerdan algo de sus comienzos tocando Sátiro (… camarada prisionero te someteré, luego la fatal creciente te acunará). La temperatura sube canción tras canción. El sonido es perfecto. El cielo se llena de estrellas y El Colmo suena para más de 10 mil espectadores. Esta es una de las canciones que mas he esperado esta noche. Su coro que me ha acompañado muchas veces caminando por Buenos Aires lo escucho justo ahora y me pierdo en él (Por eso canción, llévame lejos donde nadie se acuerde de mi, quiero ser el murmullo de alguna ciudad que no sepa quién soy).

En seguida y para que la gente no pierda la euforia sigue Cuello Rojo con su desgarrante BANG BANG BANG!!!
 


El show no para. Ahora Microdancing, con dos Photosizer –unos aparatitos electrónicos sensibles a la luz y que producen sonidos raros-, Diego Tuñon (teclados) y Diego Rodríguez (guitarra) arman un intro electro para que inmediatamente después el mismo Rodríguez y Adrián, micrófono en mano ambos, interpreten de esta misma forma poderosa, el fluido carnal de dos hermanos sónicos, roqueros y argentinos. Juntos consiguen hacer temblar el Club Ciudad de Buenos Aires (Si te llevo de favor, me prometés que esta vez no vas a arruinar la fiesta).


Y que, Patinador Sangrado y Yo anuncio (… y por mas que me bañe en humildad se evapora al rato) suenan sin cortes y seguidas por Soy Rock. Con un intro de guitarra de Mariano, nos regalan su himno Putita (… sos tan espectacular que no podés ser mía nada más, tenés que ser de todos). Diego “Panza” Castellano hace tronar su batería para arrancar con otro himno del disco Infame: Irresponsables (poco a poco fuimos volviéndonos locos y es el vapor de nuestro amor nos embriago con su licor y culpa al carnaval interminable nos hizo confundir irresponsables). La ráfaga de canciones no para. Tocan una mas para saltar Carismático. La energía sale de todos lados. El público es uno con la banda.

Un momento diferente se apodera del Pepsi Music cuando suena Como eran las Cosas, su último éxito. Luces azules, una calma absorbente como un profundo mar y miles de náufragos en medio de esas olas (Quizás fue la mañana en que vendados los dos descubrimos como eran las cosas y sin abrir los ojos nos teletransportamos a donde desearíamos estar). Un inmenso grito rompe el mar y lo separa. Los saltos y el huracán regresan bajo el ritmo de Yegua (Tiempo atrás lo salpicabas todo con tu encanto, te he visto reducir hombres al llanto y a la fortuna despreciar).


Parece que el concierto llega a su final y junto a él, la noche. Pero antes, el tiempo le da paso a la hermosa nostalgia y el recuerdo de Gabriel “Gabo” Manelli, su bajista original, que falleció unos meses antes a causa de un cáncer. El espíritu de Gabo se apodera del ambiente y todos lo lo recordamos coreando la brillante interpretación de El Ídolo, un sencillo homenaje que la banda le rinde en directo. (Reservarás un lugar en la gloria para mí, un lugar en el que quepamos los dos, me esperarás con diez Evas con manzanas en la boca, bailando el ula-ula en mi honor…). Esta noche el bajo lo interpreta Carca y hace honores con su entrega al público y al espectáculo. 
 


Por último interpretan Nosotros y una rápida y fugaz versión de Las Demás. El cierre del show llega a su fin con una interpretación cargadísima de guitarras, coros, saltos, gritos y rocanrol de Así se habla (… será tu educación cristiana que ves fantasmas en todas partes, será tu aversión social lo que te aleja de los padres, vamos quiero una explicación, vamos quiero una explicación, vamos quiero una explicación…). Y yo, quiero una explicación a un concierto de tremendo nivel, una explicación a una noche inmejorable e inolvidable. “Una noche genial”, dice Adrián Dárgelos, "gracias por quedarse hasta esta hora y por haber abierto el cielo".
 


12:30 m. La sonrisa está en los rostros de cada asistente. Las piernas exigen descanso. La garganta una Quilmes helada. El espíritu no exige nada a cambio. Está rejuvenecido y vital, dispuesto para mil conciertos más. Como lo pensé en la mañana, es y será un día inolvidable. Un día en el que cumplí con visitar a Babasónicos en su casa.

La noche en Buenos Aires es joven. ¿Qué mas podría pasar? Ya veré… Pero algo viene a mi mente: mi linda Bogotá. Una sonrisa se pinta en mi rostro y recuerdo que en el Festival Rock al Parque, el día 2 de Noviembre, los Babasónicos irán a mi casa y tendré la fortuna de verlos una vez más.



8 comentarios:

Anónimo dijo...

Si hay algo que te deba, es haberme presentado a los babasonicos, (entre otras 50.000 cosas más...)
Si hay algo que me parece super bonito de la cronica, es que se nota la emoción con la que cuentas cada palabra, y que cada palabra es tuya, nadie más pudó escribirlo asi...
ya la cuenta quedó saldada con Andres, y con gusto te acompañé! ahora los babasonicos vienen a hacer lo mismo, y denuevo te acompañaré pero con la gratitud mas grande por ponerme enfrente tremenda banda.. además de poner canciones que me lleven a un lugar que tal vez solo entiendas tu donde es...

Abrazooo
chú

PALA dijo...

Vienen tantos a Buenos Aires y son tan pocos los que se la beben toda.
¡Doy fe de que la devoraste!
¡De que le devolviste cada imagen bella que te regaló!
Debe ser por eso que suele devolver imagenes tuyas en algunas esquinas.
Hoy, por ejemplo, desayunameos en la terraza con medialunas... y Piedad me dijo, sin que estuviésemos hablando antes de vos, "qué bueno que a Andrés le gustaron también las facturitas de Ramayo".
Te quedaste, Andy.
Te quedaste.
Te mandamos un abazo desde el corazón.

Umberto Pérez dijo...

Cuando me mostraste esta crónica, casi no lo creo. No porque no sucediera sino porque te animabas a plasmarlo en el papel. Casi escuché a Babasónicos leyéndote. Respiré la humedad y el rocanrol porteño. Sé que estuve ahí, como tú a mi lado siempre, hasta el fin del mundo, hasta después del final del mundo. Quiero volver por acá a que me lleves a otros lugares que te habiten. Te amo.

Anónimo dijo...

Uno camina sus calles día a día y se empapa de una Bs. As. que duele, una Bs. As. que mata, que agobia, que presiona... Pero sin embargo ella está allí viva y es Bs. As.! y se esconde y se descubre en cada rincón; para quién tiene los sentidos alerta...
Me emociona como la sentís... no pude evitar leerte y que unas gotitas brillantes se desprendan de mis ojos...
Te imagino caminando y me alegra que lo hayas vivido tan intensamente.
Andrés, me pone feliz que te hayas regalado este viaje y que nos compartas una parte de el.
Y los recitales!!!!! No creo q nadie haya hecho una maratón tan grande como la tuya!!!
Lo que lo disfrutaste!!! Se te leía en la sonrisa!!
Fue buenísimo volver a verte y espero que se repita.

Te mando un beso muy grande, Nadia

Anónimo dijo...

Allá, a la entrada del espectáculo, los zapatos y las medias se quedan en los pies todo el tiempo, como debe ser. (Incluido, por supuesto, el porrito que uno eventualmente se quiera fumar).

Acá, que tenemos el mejor, nada de porrito. Le sacan a uno las medias, los zapatos, le tocan las guevas, le quieren sacar la camiseta, le quieren sacar todo...

Las cosas espirituales no las pueden sacar... eso seguro. Entre ellas está el cariño y gratitud que siento. Gracias, sigue sacando fotos y regalandonos palabras.

Dani García

Diana dijo...

Esto si es mucho corazón engarzado en bellas letras.
Un abrazo,

Anónimo dijo...

Querido hermano. Nada mas lindo hay en esta vida que emocionarse con un ser querido. Es que, saber que nuestra alma está realmente viva y que podemos compartir nuestro sentir con compañeros de ruta, nos completa como personas y nos da la verdadera felicidad. Nos sacan del anonimato, del individualismo, de la insoportable levedad del ser.

Hay “algo/alguien” que une a las personas en un momento y en determinadas circunstancias y que uno no puede elegir. Solo se nos presentan. Luego uno decide que hacer con ellos. Yo elijo abrazarlos a todos, quedarme cerca, saber qué hay dentro. Para mi fue grandioso ver Buenos Aires con tus ojos, como lo hicimos alguna vez en México, donde nos cruzamos.

En Andrés no encontré una cosa que llamara mi atención. En todo él… hay una luz, pacientemente moldeada por un sencillo alfarero, con apacible visión de las veredas, aguda inteligencia aplicada, música en el alma, un ojo sensible, otro crítico y una lente precisa y viajera.

Amigo de los que no preguntan. Solo te dan lo que tu alma necesita. Que atesora en la memoria excelentes vivencias.
Amigo, que me completa. Para mi es muy difícil describir como él, ver como él, fotografiar como el. Vivir la ciudad como él.

Vives el empujón, el ticket, el asado y el vino, las fiestas, los momentos, los abrazos. La insoportable humedad, los trenes y cada parada, las 60 cuadres de la avenida Cabildo y las caras de la gente yendo al estadio. Vives intensamente. Matías (amigo mío) dijo “quizás la haya vivido (a buenos aires) mas que nosotros”…

Pero la mejor parte es que, me quedaron muchas cosas por hacer con vos. Lamento haber compartido poco tiempo, pero el corazón estuvo entero y sigue siempre listo hasta volvernos a ver. No es más que un breve adiós.
Máximo desde Buenos Aires.

Anónimo dijo...

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